El mismito 7 de enero, según me levante de la cama, empiezo el régimen. Y me tiro a las rebajas. Calla, calla, si cae en viernes. Mejor me tiro a las rebajas y lo del régimen lo dejo para el lunes, ya si eso. Los retos difíciles hay que empezarlos los lunes, con toda la semana por delante. Lo otro son ganas de amargarse el finde para nada. Te matas de hambre todo el santo día, llega el sábado, empiezas que si una caña, que si una tapa, que si una copa, te lías, te lías, y coges los 100 gramos que perdiste el viernes y otro kilo y medio de rebote, que el cuerpo es sabio. Y el mío, más. Ese sabe más por viejo que por diablo. En cuanto le quito un capricho, va el tío y se guarda el triple de reservas en las lorzas, por si vienen las vacas flacas. A las gordas ya las conoce de toda la vida. Yo no sé cómo no me llaman de tertuliana los de La noria. De redondeces sé un rato. Y de altibajos. El efecto yoyó lo inventé yo. Pero eso era antes.
Estás hablando con la Nueva Yo. Este año empiezo la operación biquini en enero y me planto en la playa en Semana Santa con dos tallas menos como que me llamo María de los Dolores, qué cruz de nombre. Si eso no es estar predestinada que me lo expliquen. Para presumir hay que sufrir, vale. Pero unas ponemos más carne que otras en el asador. En el de la vida y en el de la cocina. Y así estamos. Achicharradas vivas. Yo, por quemar, quemo de todo menos calorías. Y no será por falta de calentones.
Tengo los carnés de todos los gimnasios que he pagado en mi vida puestos en un marco. A uno por año, desde los 15, van unos cuantos, no voy a entrar en detalles. Hay más fotos en ese cuadro que en mi orla de Derecho ríete tú del Facebook ese. Y todo para nada. El gimnasio, digo. Vas un día, te deslomas, te da un bajón de azúcar, te metes un chute de chuches para volver en ti, te pasas una semana cosidita de agujetas y para cuando se te pasa el mal cuerpo, se te han quitado hasta las ganas de tener ganas. Y de ir al gimnasio.
Pero de este año no paso. Ya no tengo excusa. Me han puesto debajo de casa un wellness abierto las 24 horas con 10.000 metros cuadrado y 100 plataformas VibroPower para activar hasta a la más pasiva, dice el luminoso, qué gracioso. Spa Las Vegas se llama el sitio, sin vatios que están los horteras. Spa Las Vagas lo llamo yo, las cosas como son. Ya he reservado plaza, para lo que hemos quedado. Para mí que el bienestar era otra cosa. Y los vibradores. Y las pasivas.
Ahora que, para activa la Nueva Yo. Voy a cambiarme el chip de raíz. Me voy a retocar las ídem cada tres semanas. Me voy a dar las cremas todas la mañanas. Me voy a desmaquillar todas las noches. Me voy a aplicar la anticelulítica mañana y noche en movimientos ascendentes, que para bajones siempre hay tiempo. Y basta ya, que empiezo a contar y no paro. Y luego no tengo misterio, ni aliciente, ni sorpresa, ni nada.
Eso sí el roscón de Reyes no lo perdono. Total, es el único que me como seguro todos los años. Pero eso era antes.
La Nueva Yo se va a comer el mundo con patatas, por éstas. El régimen ya lo empiezo el lunes, palabra. Y quien dice un lunes, dice otro. Hasta San Antón, Pascuas son.
* LUZ SÁNCHEZ-MELLADO para Elle.
No os imagináis los lagrimones que nos caían el otro día cuando leímos el artículo, esperamos que os guste tanto como a nosotras ;)